EsFlorencia: hablar en italiano, pensar en español

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Sandra, entre recuerdos de familia y su Florencia en tres dimensiones



Me recibe en un salón de su casa transformado en taller, dentro del cual hay una mesa y un escritorio llenos de colores, diseños y dibujos. El escritorio está iluminado por una lámpara, colocada por encima de una computadora portátil en la que se ve un noticiero. La caja de colores abierta, los pinceles diseminados, las pequeñas pinturas ya listas, todo aquí denota un incesante trabajo.

Ella viene del cantón La Maná, provincia del Cotopaxi, en el centro de la sierra ecuatoriana. Es un lugar muy particular porque, aún perteneciendo a una provincia andina, tiene el clima tropical de la costa. Cuando le pido que me cuente algo de su ciudad natal me dice que es un «pueblito no muy conocido, cuando yo estaba allá tenía unos ocho mil habitantes, muy productivo, hay mucha gente que va a trabajar allá. Yo estudié pintura y trabajé en una galería. Además hacía objetos en cerámica y los vendía». Su pasión por el arte vino con ella desde Ecuador. En Florencia encontró un lugar donde explorar y desarrollarse, «encontré esta técnica de las tres dimensiones pintando sobre espejo y pensé que pintar Florencia con esta técnica podría funcionar ... y funcionó», dice con una gran sonrisa.


¿Por qué Florencia? «Porque es la cuna del arte en el mundo, cuando vine aquí en el año 2000 vi una ciudad muy hermosa, para mí es un museo abierto. Yo vivía en Rímini y antes de volver a Ecuador quise visitar Roma, Milán y Florencia. Cuando llegué me encantó y dije aquí me quedo. Así que fui a Ecuador y después volví y me quedé.»

Continuó a estudiar en Italia, perfeccionando su técnica. Su curiosidad la llevó a caminar y conversar con muchos artistas callejeros, fueron ellos los que le sugirieron ir al municipio para pedir un permiso y así fue como obtuvo la posibilidad de trabajar en el centro, primero en el Piazzale Michelangelo, en el mercado de San Lorenzo y bajo la misma cúpula de la Catedral de Florencia. Hoy trabaja en Piazza della Repubblica.

En 2016 obtuvo la ciudadanía italiana y reconoce que esto le ha cambiado la vida, ya que ahora todo es más fácil y vive más tranquila. Le hago una pregunta a quemarropa, ¿eres más ecuatoriana, italiana o ciudadana del arte? Sonríe y me mira de manera elocuente. Añado, ¿pregunta infame? Un par de segundos de silencio. «Sí, difícil».
¿Y tu familia que opina sobre tu vida? «Estan contentos porque saben que vivo haciendo lo que me gusta, tú sabes como son las familias, basta que hables y ya saben como estás». En realidad sus padres estuvieron tristes hace como cinco años, que fue cuando Sandra les informó que había decidido no volver a Ecuador. Fue una decisión paulatina, sobre todo porque ella también pensaba estar en Italia algunos años y luego regresar. No se esperaba que el tiempo cambiara las cosas de manera tan inexorable. Llegó un día en el que simplemente había decidido, se había dado cuenta de que su juventud y su vida adulta las había transcurrido en Italia, que los amigos de la infancia se habían quedado atrás y que las amistades del presente estaban aquí en Toscana. ¿Piensas aún en volver a Ecuador un día?
«El Ecuador está en mi corazón, pero ahora Florencia es mi hogar, aunque te sientas siempre un poco en la mitad, porque hay cosas que nunca olvidas. Yo por ejemplo estoy bien aquí, pero a veces en Navidad he llorado porque es un día en el que todos se reúnen y tu familia no está. A veces he querido saltar esas fechas, llegar directamente al 26 de diciembre».

No sé por qué terminamos hablando de comida, imagino que sea la vida en Italia. Sandra me cuenta que es una de las cosas que más extraña. Los sabores de la niñez, la compañía de viejos amigos mientras gustaban los platos que ahora se llaman street food y que en Ecuador siempre se han llamado agachaditos.

Cuando nos despedimos me pide que espere porque desea presentarme a su mamá, que ha llegado ayer desde La Maná y es la primera vez que visita Italia. Aprovecho para preguntarle a ella también un par de cosas. ¿Qué tal el clima de Florencia? «Por ahora igual, casi el mismo calor». Nos miramos con Sandra y le digo a su madre que hay que esperar hasta el invierno para conversar del clima. Me responde con una sonrisa, «antes de octubre ya me voy, no me gusta el frío, ni aquí ni allá, necesitaba sólo tiempo para estar con mi hijita». Cuando su madre ya no está Sandra me confía que espera poder volver a Ecuador cada dos años, «aunque tú sabes como es difícil».

Para concluir vuelvo al tema de su trabajo. Agrego que en Ecuador ella no podría hacer lo que hace aquí, ¿cómo pintar Florencia en otro lado? «En realidad trabajé allá y también pintaba con la misma técnica, estuve en Quito, Cuenca, Guayaquil». ¿O sea que tu especialidad son los centros históricos? «No, la mitad de mi trabajo son paisajes aunque lo que más se vende aquí son los cuadros de Florencia. Mis cuadros están en todo el mundo porque los compran los turistas». ¿Y los florentinos? «Ellos también, más que nada les encanta cuando les dibujo el giglio».


Por Lotar Sánchez

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