EsFlorencia: hablar en italiano, pensar en español

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  • EsFlorencia

Natalia

Actualizado: 23 de jul de 2018



Irapuato, México

Gestora Cultural


Trabajar en Italia no es cosa fácil y menos cuando tu trabajo gira en torno al patrimonio material del país. En mi caso, formo parte del Departamento de Mediación Cultural de los Uffizi: la casa de la Primavera de Botticelli, de la Medusa de Caravaggio, y ya saben, de la colección completa que acuñaron los Medici durante el Renacimiento. Como los Uffizi no hay dos. Pero en cuestión de arte, arquitectura o patrimonio material no hay nación que se le compare a Italia.

Por lo mismo es tan complicado promover el patrimonio del país. Por ejemplo, a diferencia de lo que ha pasado en muchos museos de otras ciudades de Europa, para nosotros es imposible suponer, por el peso histórico del edificio, la realización de una reforma arquitectónica que nos ayude con las filas o con el caos turístico de las mañanas.

Así que para lograr mi camino hasta el despacho donde trabajo tengo que saltarme con audacia las filas de turistas, intentando esquivar a como dé lugar a los estudiantes que quieren dejar su mochila en el guardarropa. Me maravillo a diario al subir las escaleras del museo, entrar por puertecitas escondidas o tomar un atajo a casa por el Boboli.

Las reglas a seguir, la burocracia y las jerarquías son muchas y están muy fijas cuando se trata de un organismo público italiano, y los Uffizi, obviamente, no son la excepción. Aún así, ¡no ha habido sitio en el que me haya acoplado tan rápido! El ambiente dentro de mi oficina y con mi equipo de trabajo es de admirarse. Reímos mientras trabajamos, nos ayudamos siempre y comemos juntos en una enorme mesa de madera rodeados por altos libreros.

Creo a veces que las personas se acostumbran a convivir con las bellezas que nos regala esta ciudad y ya no las ven. No soy solo yo la que día a día se topa con varias de las obras más preciosas del Renacimiento, somos todos los que vivimos en nuestra ciudad. Todos a los que mezclamos nuestra cotidianeidad, como un pranzo sencillo, observando el Duomo mientras reímos con amigos.

Yo intento a diario no acostumbrarme a las maravillas que obsequia la ciudad. Espero seguir viendo esos breves minutos de pausa laboral en ese enorme salón del Uffizi como un lujo, porque es algo increíble, así como lo es el ser ciudadano de nuestra Firenze y mezclar a diario, casi sin darnos cuenta, lo cotidiano con el arte.


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