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Karen, una historia de danzas y raíces

Fundadora del grupo de danzas folclóricas Sin Fronteras, con el que se ha presentado en casi toda Italia en casi once años de actividad, Karen logra sentirse cerca de su Bolivia natal cada vez que baila. Está bien consciente de haberse dado una misión aparentemente contradictoria pero muy importante, conservar una amada manifestación cultural y al mismo tiempo desarrollarla para que siga viva en otro continente.

En Florencia pudo ver el primer otoño de su vida, con miríadas de hojas multicolores que llenaban todas las calles. Cuando lo cuenta parece que viaja en el tiempo con la mirada, «siempre voy a recordar esa imagen». Era una joven madre que se había separado de su primogénito recién nacido, la nostalgia y la emoción se mezclan en el recuerdo de aquellos años.

Como sucede a menudo, los caminos de la vida son indirectos y es así que Karen no llega a la danza folclórica directamente si no a través de la salsa, el ballet clásico y la danza jazz. La idea de bailar la danza de los Caporales se le presenta una vez establecida en Italia. «Inicialmente era sólo una inquietud, unas ganas de seguir bailando, no pensaba crear un grupo. Tuvimos el apoyo de una amiga, fundadora de un grupo cultural peruano, que una vez nos prestó los trajes para bailar en las fiestas de la comunidad boliviana. Salió todo muy bien y yo me emocioné muchísimo, así que luego comencé a ponerle empeño y tiempo con el grupo que se había creado. Me sentía segura porque sabía lo que quería y además tenía bases de danza».

¿Has tenido alguna vez ganas de volver a Bolivia? Ella responde sin dudar, «siempre he tenido ganas, todos los días, hasta que nació mi hija». Lanza un suspiro muy largo, «yo no volvería ni por los amigos ni por familia, porque mi familia está aquí», y cuando lo dice mira a su pequeñita mientras juega con Jorge, bailarín peruano, su esposo, compañero de danza y de vida. «Volvería por la nostalgia, por los olores, porque echo de menos la vida de allá». Vuelvo al ataque, ¿y por qué no has logrado volver antes de que naciera tu hijita? Sonríe mientras responde, «porque todo se va dando de consecuencia en consecuencia, además no tengo alma de gitana, si vuelvo tendría que ser por algo muy fuerte».

Me parece que estamos llegando a un punto importante de la conversación, así que insisto, ¿qué cambió dentro de ti cuando nació tu hija? Luego de una pausa casi imperceptible Karen admite que «cuando ella nació sentí que una raíz nacía y me unía a Florencia gracias a ella, la nostalgia no me abandona pero esta raíz ha cambiado todo, da sentido al hecho de quedarme». Esta confesión me ayuda con la siguiente pregunta, ¿y cómo la ves a tu hija, más boliviana, peruana o italiana? Estalla en una alegre carcajada antes de responder, «no sé como vaya a ir esto, aunque tenga pasaporte boliviano no le doy un origen».

Recuerdo algunas historias de amigos que se han conocido en Europa y que han tenido que abandonar el proyecto de volver a su país de origen porque los hijos nacidos aquí se han opuesto. Se lo comento y veo que logro tocar una cuerda importante porque exclama, «¡mi hijo! Él se siente florentino, llegó a los tres años y no tiene recuerdos de Bolivia. He tratado de darle la misma educación que yo recibí pero no es posible». ¿Pero él también no es una raíz que tienes aquí? «Con él es diferente, porque lo he traído. Además su papá está allá y por eso a veces pienso que se podría acostumbrar a Bolivia». Imagino que su deseo sea pedir la ciudadanía italiana. «Sí, lo hará y se está preparando, para él es algo muy importante».

Continúa hablando espontáneamente y no la interrumpo, porque le llegan algunos recuerdos de la escuela. «Mi hijo nunca tuvo problemas de integración con sus compañeritos, siempre le ha ido bien, alguna vez alguien le decía que era un niño de chocolate y yo le explicaba que era algo muy lindo porque el chocolate es muy rico. Cuando iba a la primaria sucedió que alguna vez lo llamaran “negro”, pero nunca lo ha tomado mal. Yo en cambio he tratado de explicarle la diferencia entre esa palabra en italiano y el “negrito” afectuoso que uso yo cuando hablo con él».

Volviendo a hablar de danza, le pregunto el motivo por el cual en sus trajes de Caporales aparece la flor de lis, “il giglio”, símbolo de Florencia. «Es una costumbre que en estos trajes haya diferentes símbolos. Nuestros trajes son hechos en Bolivia, personalizados, y quisimos que los últimos tuvieran el símbolo de Florencia, para nosotros era algo natural». Me cuenta también que los artesanos bolivianos están acostumbrados a este tipo de pedidos, porque llegan órdenes de todo el mundo y es normal que los símbolos del vestuario sean del lugar en donde se baila y se vive. Jorge aprovecha para mostrarme un diseño de los nuevos trajes, en el proyecto se ve el Marzocco, famoso león protector del giglio, símbolo del poder popular de la medieval República florentina.

Culturas lejanas que se unen y se mezclan creando algo nuevo. ¿Integración? ¿Sincretismo cultural? Llámenlo como deseen.

Última pregunta, ¿y cuáles son los platos preferidos de tu hijo? La sonrisa de Karen se vuelve maternal, «rosticciana y chicharrón». Me parece una síntesis perfecta, como siempre la comida logra conectar universos y ésta no es la excepción. Recuerdo la misión aparentemente contradictoria de Karen, estoy seguro que la ha cumplido cabalmente. Y no sólo en lo que a danza se refiere.


Por Lotar Sánchez

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EsFlorencia: hablar en italiano, pensar en español

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