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El país donde el rock no echó raíces

Llegas a Italia. Enciendes la radio: Eros por aquí. Laura por allá. Loredana más allá. Si tienes suerte, encuentras algo de Celentano o de Elio. Si, por el contrario, tienes muy mala suerte, encuentras algo de Francesco Gabbani. Sigues explorando las frecuencias. Gente que habla, más pop, más gente que habla, Despacito.

¿Quizá pueda encontrar algo de jazz?, te preguntas, ingenuo, mientras tu búsqueda se vuelve más frenética.

Ni hablar: Italia, el país del pop. El país que exporta a Raffaella Carrá, Eros Ramazzotti y Tiziano Ferro. El país en el que nadie (y cuando digo ‘nadie’ me refiero a NA-DIE: ni el mecánico, ni el juez, ni el dark ni la fashionista) se pierde San Remo. El país donde lo más rock es Vasco y, pues, seamos sinceros: ¿a quién que no sea italiano le gusta Vasco?

En cambio, yo vengo de un país ‘roquero’, México. Si, si, ya sé: México también es bolero y cumbia. Pero el rock tiene un lugar especial en el gusto de los mexicanos y, creo yo, de todos los hispanohablantes de mi generación. Crecimos con el movimiento del Rock en Español, escuchando Soda Stereo, Caifanes y Miguel Mateos en nuestro idioma, y The Cure, Guns ‘N Roses, Bowie, Blondie y Pearl Jam en inglés.


Caifanes en Coachella 2011. Foto de Frazer Harrison

La primera vez que llegué a Italia me metí en una tienda de discos y pedí un disco del mejor grupo de rock italiano. Recuerdo que los vendedores se miraron unos a otros, discutieron un poco, y luego me dieron el último disco de Litfiba. Llegué a mi hotel y abrí el disco con emoción. Bueno, digamos que ese disco se quedó en un hotel de Venecia. Y ahora que ha pasado el tiempo me doy cuenta de que ni siquiera era el Litfiba original. Dioses del rock, manden un rayo a aquellos vendedores que usaron el nombre del rock en vano.

Cuando comentaba a mis amigos italianos sobre mi búsqueda de buen rock en italiano, indignados me sugerían nombres como Verdena, Bluvertigo, Afterhours, CCCP, Subsonica… todos un buen intento, pero ninguno fuerte. Después de algunos albumes, casi todos desaparecieron. Pop 1 - Rock 0.

Ni modo. Afortunadamente me tocó vivir aquí en la era del Internet, donde puedes buscar y encontrar todo lo que quieras. Pero no hay duda de que era muy cómodo tener esa estación de radio de referencia que escuchabas siempre: en el coche, en la ducha, en el reloj despertador las mañanas. Aquí hay que tomarse el esfuerzo de encontrar una estación de radio online y bajar una app para escucharla. O peor: estar revisando los millones de páginas online donde se habla de los millones de nuevos grupos y buscarlos, uno a uno. ¿Quién tiene tiempo de hacer eso? Mi elección de vida italiana me ha condenado a nunca estar al tanto de todo lo que está pasando en el mundo de la música.

Ahora, cuando regreso a México, me aturde la cantidad de conciertos y festivales y grupos de música que la gente escucha allá y que no conozco. Veo en Facebook que se comparten carteleras de festivales con nombres desconocidos para mí, y entonces paso las siguientes semanas escuchando furiosamente todas las bandas en Spotify, negándome a este sentimiento de estar tan demodé.

Ahora ya perdí la esperanza: la vida de adulto y sus múltiples preocupaciones me impiden seguir con detenimiento el mundo de la música y muchas veces prefiero escuchar mis viejos favoritos en vez de explorar las nuevas tendencias. De todos modos, cada vez que me pongo los audífonos en el autobús y regreso a escuchar a mis viejos amigos, se me alborota el espíritu. Quizá el rock aquí nunca echó raíces, pero me lo traje sembrado en el corazón.


Por Valeria Farill

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