EsFlorencia: hablar en italiano, pensar en español

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Me enamoré de Florencia como hubiera podido enamorarme de una persona

Actualizado: 10 de dic de 2018


Recrear algo en palabras es como vivirlo dos veces. Siento la fuerza cautivadora de esta ciudad que actúa con un poder magnético. Cuanto más se adentre en ti un sitio, más estará ligada a él tu identidad. La elección de un lugar, que nunca es algo fortuito, es la elección de algo que deseas. Me enamoré de Florencia como hubiera podido enamorarme de una persona y busco la manera de quedarme aquí para siempre. ¿Es un capricho? Ciertamente; emana de muy adentro.

Cuando llegué a Berlín, recuerdo que me fascinó la amplitud de sus calles, aceras y avenidas. En Florencia me ocurre justo lo contrario: aquí en las calles apenas cabe un coche; y en las aceras, cuando las hay, solo dos personas (de lado). Quizá entonces solo buscaba distanciamiento y ahora proximidad. Cercanía.

Dicen que Berlín es una ciudad internacional, pero yo en Florencia escucho todos los días lenguas que nunca podré identificar. Las ventanas de Florencia no tienen doble cristal. Ni aíslan como las de Berlín. A veces, por las noches me levanto para comprobar que no están abiertas... La ciudad entra en mi habitación como si viviera en la calle. Y no me importa, porque todos estos poquitos, juntos, se llaman vida.

Aunque en apariencia no tengan mucho que ver entre sí, Berlín y Florencia son dos ciudades de extremos que a mi parecer se complementan. Ejemplifican desde muchos puntos de vista los cánones de la Vanguardia y el Clasicismo. El arte contemporáneo de Berlín y el Renacimiento de Florencia. La modernidad de la capital alemana y la tradición toscana. El caos espiritual de Berlín y el remilgo de Florencia. La decadencia berlinesa y el refinamiento florentino. El libertinaje y el desbarre de Berlín y la compostura de Florencia.

Una de las cosas que más me gustan de mi vida son los viajes largos a Florencia, sin planes, y volver a casa cuando (relativamente) quiera. Pero cuando vives entre tres ciudades, es difícil determinar cuál de todas es tu hogar; incluso tu identidad. Hay casas que siento más mi casa, aunque no pase la mayor parte del año en ellas. Así me ocurre con Florencia. Algunos amigos no entienden por qué quiero vivir aquí. Otros creen simplemente que idealizo esta ciudad. Por norma general, los primeros sorprendidos suelen ser italianos o los propios florentinos.

Federico García Lorca escribió en el prólogo de Impresiones y paisajes (1918): “Hay que interpretar siempre escanciando nuestra alma sobre las cosas, viendo un algo espiritual donde no existe, dando a las formas el encanto de nuestros sentimientos, es necesario ver en las plazas solitarias a las almas antiguas que pasaron por ellas, es imprescindible ser uno y ser mil para sentir las cosas en todos sus matices. Hay que ser religioso y profano. Reunir el misticismo de una severa catedral gótica con la maravilla de la

Grecia pagana. Verlo todo, sentirlo todo. En la eternidad tendremos el premio de no haber tenido horizontes”. Quizá en estas palabras encontremos algunas respuestas.


Por Paco Neumann



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