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¿Cómo cambia tu cuerpo cuando empiezas a hacer ejercicio?

Actualizado: 20 de nov de 2018


Para ponerse en forma se necesita mucho empeño y tiempo, especialmente si nunca lo has hecho, pero no es imposible y al final, vale la pena. Varios estudios confirman que el 50% de las personas que empiezan cualquier tipo de entrenamiento, lo abandonan en los primeros seis meses. Los mismos afirman que si se tiene un mínimo de constancia en ese primer semestre, la probabilidad de continuar el entrenamiento es más alta e incluso se intensifica pues se comienzan a sentir y sobre todo a ver los resultados en el propio cuerpo.


Las primeras veces te sientes con más energía, más despierto, esto es debido al aumento de la frecuencia cardíaca y al flujo de sangre y de oxígeno que van a tu cerebro. Obviamente esto también trae consigo el clásico dolor muscular que va disminuyendo si sigues ejercitando los mismos músculos.


En las semanas siguientes en tu organismo aumenta la producción de mitocondrias que forman parte de las células y que generan energía transformando los carbohidratos, grasas y proteínas, en combustible para que tus músculos se puedan mover, relajar, contraer. De hecho, se ha descubierto que después de ocho semanas el número de mitocondrias aumenta y con ello tu resistencia física y temporal: logras cargar más peso o resistes más abdominales durante más tiempo.


Si trabajas con tu fuerza (pesas, abdominales), comienzas a ver más forma en tus músculos e incluso menos masa grasa. Si entrenas el área cardio, corres, haces bici, tiendes a ver un aumento del VO2 Max, o volumen máximo de oxígeno por minuto, en otras palabras, el respiro te alcanza más, te cansas menos rápidamente. Por ejemplo, si tu VO2 aumenta un 25% puedes correr 20% más en la misma cantidad de tiempo.


Después de un año de ejercicio, tus huesos son más densos lo cual se traduce en un bajo riesgo de osteoporosis, e incluso, algunos estudios afirman que combinar ejercicios de resistencia y aeróbicos, la harían desaparecer totalmente, además de prever un menor riesgo de sufrir de artritis, diabetes de tipo 2, demencia o algún tipo de cáncer de colon o de seno en edad más madura.


Todo esto también se traduce en una mejor calidad de vida: te sientes más alegre y físicamente más ligero, encuentras una reducción del ansia y de la depresión ya que el nivel de las hormonas del estrés como el cortisol y la adrenalina, tienden a disminuir.


Claramente todos estos beneficios dependen del tipo e intensidad de tu ejercitación y de la frecuencia así como de una dieta balanceada. Lo ideal sería hacer de 4 a 5 horas a la semana con un ritmo bajo a medio y descansando al menos un par de días para reforzar los músculos. Se recomienda siempre no hacer esfuerzos extras al inicio porque se corre el riesgo de lastimarse y ponerse objetivos semana a semana para no sentirse desmotivados.


Seguramente todos estos datos son importantes pero probablemente el secreto está en hacerse conscientes del propio cuerpo y escucharlo, esto es el mejor incentivo para conseguir resultados constantes.


¿Qué dices? ¿Pruebas?


Por Vanessa Rojas Toscano

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